sábado, 7 de septiembre de 2019

Tema tabú



Repito con un tipo de post que sorprendentemente para mí, siempre os gustan mucho.

Como os dije en el post de "convertir la tristeza en creatividad", me he prometido a mí misma sacar provecho de mis tristezas y peores momentos porque, quién sabe, igual puedo ayudar a alguien y eso vale mucho más que mi orgullo.

Lo he llamado tema tabú porque la tristeza hoy en día lo es. No está bien visto decir que estás triste ni está bien visto hundirse, lo que está bien visto es la buena actitud y el decir mensajes positivos. Pero la tristeza forma parte de la vida y a veces es buena. Poco a poco nos hemos ido metiendo en un mundo de autoengaño. Y peor aún, de engañar a los demás.

Hoy estaba paseando por el Instagram de Lucía Be @mrsluciabe y me ha gustado ver cómo ella se abre y cuenta, con sentido del humor, las mierdas de la vida. Hoy quiero unirme a ese club.

Está bien visto anunciar en Instagram tu boda, tu vida sentimental, tus fotos de pareja, la alegría y el jolgorio de tus viernes, tus comilonas en el buffet, tus vacaciones en la playa, lo guapos que van tus hijos a la comunión, lo que te han regalado, las sorpresas y un largo etcétera de cosas preciosas.

Está mal visto anunciar tu ruptura, tu fracaso, tus impedimentos, tu suciedad, tu desorden, caos mental, tus enfermedades mentales y físicas, tu pereza, tu lujuria, tus inmadureces, tus tristezas y sentimientos de vacío.

Oye, ¡Pero que están en todo el mundo! Me da pena pensar que algunas pobres personas creen que no es así, y que son los únicos desgraciados que sufren y que no han tenido unas buenas vacaciones o un viernes de lujo, o no van por su tercer hijo lleno de pañales de felicidad.

El primer motivo de muerte no natural en España NO son los accidentes de coche, señores, el primer motivo es el suicidio. La tristeza está ahí, muy presente entre nosotros, muy tabú y muy escondida.

Me da pena pensar que hay personas que no entienden que la vida tiene sus altos y sus bajos y no eres menos, ni más débil por estar en un bajo. Aunque sea un bajo muy largo.

Me da pena que haya tanto juicio hacia los demás y que por culpa de eso nos hayamos vuelto fríos y reservados.

Todo esto ha hecho que incluso yo misma tenga reparos siempre en contar mis desiertos, por miedo al juicio y demás.

Las mujeres encima tenemos todos los meses las hormonas por las nubes, y no es nada fácil mantenerse estable esos días. El demonio atacó a Jesucristo cuando más débil se sentía, en medio del desierto, llevaba muchos días ayunando. Así nos pasa también a nosotras.

Yo ahora mismo estoy en medio de una menstruación monstruosa (¡Qué poético!). El dolor es horrible, la sensación de cansancio constante, pero lo peor es la cabeza. Un sentimiento de profunda tristeza y de no querer vivir inmenso, que no se va ni leyendo, ni paseando, ni hablando con nadie.

Esta vorágine es un imán gigante para malos pensamientos, parece que de repente "se me ocurre pensar" que oye, que fíjate qué poco verano he tenido comparado con otros en su chalet, que cuántas discusiones familiares me he tenido que tragar, que cuántas horas en la silla estudiando la oposición con el ventilador en el cogote, que qué poco dinero me queda y cuánta falta me hace ahora mismo, que qué pesados los periquitos gritando todo el día, que no se están cumpliendo esos sueños que yo tenía desde niña, que parece a veces que la oración no sirva, que no me siento colmada en todos los aspectos de mi vida, puede que en ninguno, que por qué mi padre tuvo que morir tan joven y qué sentido tiene todo.

Y puedo seguir, ¿eh? Puedo escribir varias páginas si queréis, pero ese no es el cometido de este post.

De repente se me olvida todo lo que he aprendido estudiando, el regalo que han sido estas oposiciones y el viaje a Londres, todas las personas que me he encontrado por el camino, todas las risas y los planes, los buenos momentos con mi familia, los reencuentros, y más.

Eso que vivimos y que a veces pesa es nuestra cruz. Y la cruz pesa, está astillada y encima hay que llevarla monte arriba con la solana. La cruz hace que te caigas al suelo y te rompas la nariz. No es agradable llevarla. A veces no se nota que está pero otras veces está muy presente.

 La cruz la llevamos todos, y a veces la sientes más y otras menos. Cada cual tiene una cruz distinta, hecha a su medida, con las características que diferencian su vida.

Es un misterio, pero la cruz es gloriosa. Nos enseña mucho, nos hace amar a los demás, nos une entre nosotros y nos glorifica. La cruz está ahí por pura necesidad, porque debe estarlo, porque forma parte de la vida. Nos humilla, y eso es bueno. Nos ayuda a actuar en ciertos momentos, nos ayuda a cambiar nuestro corazón. Nuestro corazón no sería tan bonito si no hubiera sido arañado por el sufrimiento de la vida. Nuestra mente no tendría este entendimiento si no hubiéramos pasado por el fracaso. Nuestra humildad no podría estar presente sin este dolor.

El otro día leí esta frase preciosa de Teresa Sudupe: "Hay cosas que solo se ven claras con ojos que han llorado."

Nos quedamos con esto.

Yo espero que podáis seguir adelante, sois todos súper necesarios, esto va así, mucho ánimo, vamos a confiar.

Gracias por leerme.


Irene Vila✨



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